Después de 11 días sin actualizar (más si tenemos en cuenta la última chapuza sin escribir) aquí estoy de nuevo. Y no os váis a creer lo que me ha pasado. Justifica cualquier ausencia posible.
Encontrábame yo, absorto en mis pensamientos mientras vagaba por el domicilio familiar cuando ¡oh! pobre de mí, el cordón de mi zapato izquierdo se encontró atrapado entre la suela y el suelo, si entendéis lo que quiero decir, haciéndome perder el equilibrio y precipitándome directo hacia las escaleras. Unas vueltas de campana después me encontraba en el suelo. Suerte que mi cabeza amortiguase el golpe.
Abrí los ojos y no estaba en el sótano de mi casa, sino en un enorme descampado lleno de insectos, plantas cardosas y un olor a mierda de aquí te espero. El responsable era un hombre carente de incisivos, aunque de incisivo lenguaje.
- ¿Qué dzemonios haces aquí, hijo? - Claramente no había ido al oculista últimamente. No era su hijo.
- ¿Tú qué eres, el espantapájaros o el hombre de hojalata? ¿Dónde cojones estoy?
- Cuidado con tu lenguaje, hijo. Ni se te ocurra acercarte a mi reino como si fueses el rey de la jungla. Estamos en Parla, y es el año 1973.
Salí corriendo. El granjero siguió con su pala acumulando mierda, vaya usted a saber por qué. Al rato encontré un calle, muy malamente pavimentada, con gente yendo de un lado para otro vistiendo monos o trajes de flores, dependiendo del género, y un periódico con un titular hablando de la gloria española y una fecha impresa en ella: 1 de febrero del año 1973. Estaba claro que o había viajado en el tiempo o el golpe en la cabeza me había dejado tarumba. Le pregunté a un transeunte que pasaba por allí, manchado de yeso y con un aliento horrible.
- ¿Perdone, esta fecha de aquí es correcta?
- ¡Claro que lo es! ¡El periódico nunca se equivoca! Por cierto, ¿puedes leérmela?
- ¿Usan cepillos o pasta de dientes por aquí?
- Si por cepillo de dientes quieres decir espiga y por pasta de dientes quieres decir agua del riachuelo…
Le miré aterrado y me alejé en cuanto pude. Dando tumbos me encontré una pequeña iglesia, probablemente demolida hace unos cuantos años, porque no la conseguí reconocer. Era de arquitectura… cutre. Por lo tanto, parecía hecha por ellos mismos.
- Eh, chico, ¿por qué el Señor te ha dejado esa cara tan pálida? - se aseguró de que la palabra Señor sonase así, con mayúsculas.
- Me parece que estoy muy perdido…
- No te preocupes. Yo te guiaré.
Conseguí trabajo en una iglesia, donde se me instruía en las lecturas de los testamentos Antiguo, Nuevo y Generalísimo. Era aburrido y creo que me hacía olvidar más cosas de las que aprendía, pero estaba deseando que llegase el fin de semana para disfrutar de todas las cosas que mi nacimiento posterior me había privado: los primeros discos de Led Zeppelin y Black Sabbath, los thrillers policíacos de los 70, el destape sexual del país, mi conocimiento de la historia justo antes de que ésta ocurra… Pero a los pocos días mis ensoñaciones se dieron de bruces con la cruda realidad: no existía Internet. Y el porno era ilegal. Encima, estaba en medio de una dictadura militar.
Aquello era el infierno. No tenía nada que perder. Lo único que podía hacer era tirarme desde el campanario de la iglesia y acabar con aquel sufrimiento. Sin cultura, condenado a una vida de monaguillo, nada tenía sentido. Me rompí una pierna intentándolo, y tuve que aguantar los sermones del cura leyéndome la Biblia y diciéndome que Franco le va a decir a Dios que soy un insensato. Porque Franco y Dios hablan por las noches, según él.
Así que me inyecté aire (lo vi en un capítulo de Los Simpson). Y no fue ni idílico ni indoloro, pero gracias a ello me encontré de vuelta en este mundo hace aproximadamente tres cuartos de hora. Como no podía escapar del país, me perdí bastantes conciertos y estrenos interesantes, pero qué se le va a hacer. Al menos puedo difundir esta experiencia extra-corpórea, ¿no?…
…
Bueno, vale. Pasé la varicela. Pero no era tan interesante como lo que os he contado, ¿verdad?…

Comentarios (4)
XDDD
Tu imaginación vuelve a campar a sus anchas. Me alegro.
Pues yo una vez estaba cagando y la taza del water me tragó y, al despertar, me encontré en un piso de 20 m2 habitado por un vasco y un maño estúpido. El maño estúpido me dijo un día que a ver si nos medíamos a pollazos para averiguar quién era más hombre y…
Oh, wait…
Muy bueno tio, me lo estaba creyendo por momentos. En serio.
Ouch! Varicela… ¿con qué edad?
Consejo: Retuerce la realidad y afirma que eres un niño, que además tienen derecho a que se les pire la olla…