Evolución

Era la madrugada de un día cualquiera. Christopher John Boyle estaba en uno de sus lujoso apartamento de Los Ángeles, sentado en su sillón de cuero con un vaso de whisky medio vacío en la mano. Estaba desnudo, a pesar del enorme ventanal que tenía justo enfrente suyo, desde donde se podían apreciar las preciosas vistas de la capital. La noche americana, el sueño que tenía enfrente suya. Sentía que podía atravesar constelaciones si quisiera, pero se contentaba con observarlo todo a través del cristal. Le tenía hipnotizado, sin mover un músculo, mientras sentía en su garganta el cálido torrente de alcohol que se dirigía directo a su hígado. Las palabras salieron naturales de sus labios:

- Lo tengo todo. He llegado hasta aquí gracias a mi trabajo duro y a mi capacidad como artista. Sonará pretencioso decirlo, pero es así. Soy un modelo de conducta, un ídolo a seguir. Pero en el fondo, soy un ser humano. No podía dedicarme toda la vida a dar gritos como un poseso. Necesitaba un cambio, seguir adelante, demostrarme a mí mismo que podía superarme y alcanzar la perfección. Por eso, mucha gente me odia, deseando que repita la función una y otra vez. Pero no me comprenden. No saben que mi obra ha alcanzado un nuevo nivel que sus patéticos cerebros no pueden llegar a percibir. Ahora llego a más gente que nunca, personas que saben apreciar lo que tengo que ofrecerles. Nunca lo he hecho mejor, estoy seguro. ¿Verdad que llevo razón?

- Claro que sí, cariño. - La joven que se encontraba de rodillas y entre sus piernas paró un momento lo que estaba haciendo para contestarle. No estaba muy segura de qué había oido, pero le permitió aprovechar unos segundos para tomarse un respiro.

- Ahora estoy ahí arriba, junto a los más grandes. Sólo no lo saben todavía.

Y así continuó la vida de Christopher John Boyle. Tan cerca de las estrellas, tan lejos de la realidad.